domingo, septiembre 25

Otra crítica

"Te amo y respeto demasiado,
pero antes de que termine el día voy a matarte"

Las parejas tienen momentos, los primeros meses de esplendor, luego la rutina y esa sensación de estancamiento. Hay veces que nos sentimos encerrados, en un lugar del cual no podemos salir.

Esta obra muestra ese momento, pone en evidencia lo que se siente y la inmensa tristeza que nos invade cuando las cosas no funcionan.
Considero que dura el tiempo justo, manejando el ritmo y la tensión constante muy bien sostenida por los actores.

A veces en la vida atravesamos momentos complicados de los cuales parece que nunca vamos a poder salir, y la pareja que alguna vez nos hizo vibrar se deshace en nuestras manos. ¿Sera la falta de comunicación? ¿En que momento dejamos de ser uno para ser 2, simplemente un hombre y una mujer?

Destaco la escenografía y vestuario de Marcela Tazzioli, que ilustra a la perfección lo rugoso de la situación y esa sensación de encierro llevada al arte.

Existe el desamor...pero vale la pena intentarlo una y otra vez...y quien sabe, quizás alguna vez encontremos a alguien con el cual podamos salir de la caja y ser libres de la mano.
Muy Buena


Eugenia Díaz

http://resenasdecineyvida.blogspot.com/2011/08/2-un-hombreuna-mujer.html

Más críticas...

Cuando entramos a la sala los personajes ya están allí. El espacio está delimitado por un semicírculo en tonos rojizos, todo el ambiente es opresivo. Un pulso, un latido que podría estallar en cualquier momento amenaza la escena.
Es una obra breve, intensa, sin sutilezas, despojada. Los personajes esgrimen palabras que parecen inaudibles para el otro y que quedan desgarrando el espacio.
Tal vez la reflexión a la que te lleva esta obra es la de preguntarse si es necesario siempre terminar un vínculo desde la destrucción. Si nuestra incapacidad de tolerar el vacío que queda cuando el otro ya no está, si el terror de verse solo, finalmente es más o menos cruel que el camino de permanecer en la frustración, la incomunicación, el juego de poder, la sexualidad desgastada…
2 (un hombre una mujer) muestra con una lupa sólo un recorte en el camino de una pareja aferrada por la costumbre, aferrada al maltrato. Solo es una parte de la historia en común, es la decadencia a la que uno se ata por temor a lo desconocido. Es un pantano del que se quiere salir, pero que te pone en contacto con la certeza de que sólo con estirar la mano, e intuir que hay algo más allá del dolor no es suficiente.
Del pantano se sale embarrado y con mucho esfuerzo, nunca ileso.
Deja en evidencia las oscuras estrategias del impotente: “sin vos no puedo”, dice el hombre, abrazando las rodillas de la mujer, “¿Ves que sin mí no podés?”, agrega inmediatamente.
Se vuelve al círculo, otra vez de cabeza al pantano.
¿Cuánto malestar somos capaces de sostener aún cuando la decadencia es tan evidente?

Azul Ballone

http://referencialgttbi.blogspot.com/2011/09/2-un-hombre-una-mujer-de-marcelo-saltal.html

Perdidos en el limbo del amor

La pasión y el apego como un péndulo entre la vida y la muerte de una relación. Una historia de aquello que sucede entre el amor y el desamor, esa oscilación indefinida que amarra más que liberar. Demasiadas metáforas para abordar el conflicto del compromiso, el afecto y la impotencia de no poder continuar, pocas aristas para impeler conclusiones.

¿Amor o separación? El argumento

Una pareja, dos seres encerrados en el laberíntico conflicto de continuar su relación o separarse definitivamente. El deseo, creciente con la indiferencia, que se desvanece una vez alcanzado el anhelo. El otro que se aleja, para acercarse más tarde y aniquilar el interés con la proximidad: una forma de asesinar cualquier vestigio de lo que pudo ser.

Los dos están físicamente encerrados en un ambiente, molestándose, alterando la paz del otro con cualquier nimiedad. Se atraen y se repelen convocando a reflexionar sobre la adicción a un amor que fue, al sueño de lo que pudo ser, y la inevitable aversión que se generan. No se dejan ir, aunque tampoco pueden continuar juntos.

Ariadna Crupi

http://ariadnacrupi.suite101.net/perdidos-en-el-limbo-del-amor-2-un-hombre-una-mujer-a64215

En Red Teatral

Una pareja, su desintegración y los reproches como móvil para comunicarse.

La trama se desarrolla sin esperas; estos dos seres, un hombre… una mujer… se encuentran en sus indiferencias - hasta que a partir de amenazas, ironías, burlas y violencia descubren ser la personificación de una relación perdida, en la cual ambos resultan vencidos.

El sentirse condenados el uno al otro refuerza la significación del número “2” desde una perspectiva destructiva. Indudablemente, el mundo que supieron armarse en convivencia está “desactivado”.

Obsesiones, permanecer juntos sabiendo que el deseo no se jacta por invitado y la idea de una salida a lo tedioso, retoman el imaginario de discuciones a un estado inicial. Sin embargo, el apego a lo enfermizo los continúa alejando.

El texto de Fanchovich reclama una inmediatez teatral necesaria para crear la sensación de decadencia en la actualidad de un matrimonio. Desde este lugar, los actores se conectan a sus personajes con exactitud. Así, los parlamentos y la acción se completan ante una escenografía que bien refleja el momento psicológico de los personajes.

Facundo Espósito

http://www.redteatral.net/noticias--2---un-hombre--una-mujer---nota-de-opini-n-.-2127

2 (un hombre... una mujer)

La escenografía y la iluminación enmarcan pertinentemente esta historia, permitiendo ver un “cálido encierro” que servirá como claro signo de lo que se desplegará a lo largo de esta breve pero intensa propuesta en torno a una pareja al borde o al desborde del amor.

Violencia, perversión, necesidad, incomunicación, desesperanza, soledad, angustia, deseo y provocación aparecen en este vaivén de emociones que parecen suscitarse los personajes de este hombre y esta mujer en un ámbito que los constriñe, pero del que a la vez no intentan irse verdaderamente.

El uso de metáforas, alusiones y símbolos parecen reforzar los avatares y frustraciones de este perseverar en un mal vínculo.

Sin embargo –lamentablemente- no todo resulta descifrable y permanece en los espectadores cierta incertidumbre acerca de aquello que se quiso contar, tal vez una sensación intencionada…Una lectura amarga del amor, si en esta pareja se pone acaso en juego el amor, contada con una estética austera y agradable.

Laura Brauer

http://viendoteatro.blogspot.com/2011/09/2-un-hombreuna-mujer.html

Porque me duele si me quedo... pero me duele si me voy

Un espacio, un medio círculo de lianas de lana, ovillos desmajados que tejen telarañas invisibles que impiden la salida, metáfora de las infinitas razones que anidan en la mente para justificar el encierro o la pasividad para dejar aquello que nos causa dolor, sufrimiento y una profunda angustia. En el silencio que abarca el comienzo de este ejercicio para actores, hay también una violencia contenida que se dirige hacia dentro, fuerza centrífuga que abarca a los personajes y los absorbe, y que se dirige hacia fuera, al espectador, que detenido en ese no tiempo que la puesta exhibe, desea como los personajes que algo suceda y rompa la angustia de la no acción o de la repetición indefinida de un círculo vicioso. La perversión no está en las acciones repetidas de seducción y falsos orgasmos que la actriz finge, delante de su partenaire que resiste, o reacciona con una violencia desmedida, sino en la continuidad en el dolor. Crítica a la pareja, al matrimonio institucional, al deseo formateado dentro de un envase que ya no resiste el mínimo análisis por parte del autor, o sólo una manera de dar cuenta de las construcciones que el ser humano se fabrica para evitar aceptar la derrota y la cobardía. Desde una mirada masculina, que pone en la mujer nuevamente la debilidad, Miguel Fanchovich propone una relación imposible, recurriendo al género del absurdo en su circularidad infinita, en la imposibilidad de escape en que los personajes se encuentran, en los diálogos fragmentados, pero el texto no alcanza para mantener en el tiempo de la enunciación el registro de alta intensidad que se le pide a los actores. Desde el dispositivo escénico se remarca este espacio claustrofóbico y contribuye a crear la atmósfera necesaria para un relato zigzagueante por los intersticios de las mentes atormentadas de ambos personajes. La acción dramática no se resuelve, llegando a la última escena como a un recorrido sin memoria, porque el verdadero hilo conductor está formado por esas secretas telarañas. Así el color rojo satura el espacio lúdico, espacio siempre al borde de situaciones extremas. El rojo es el color del fuego y de la sangre pero también el color de la pasión y del amor. Un hombre ... una mujer que se desplazan, se acercan y se seducen, a la vez que se rechazan y se odian como si fueran dos fuerzas opuestas que se complementan y en un cierto punto encuentran el equilibrio o la indiferencia. Quizá esta situación esté reflejada en el color de la vestimenta, las túnicas atemporales, sin historia, como punto de neutralidad o estabilidad. Carente de la luminosidad de otros colores el gris no diferencia ni víctima ni victimario, y como en una cinta de moebius o en un círculo vicioso, sin principio ni fin, el texto espectáculo obtura toda posibilidad de romper con el ámbito de lo privado. Un texto complejo, construido desde lo obturado, desde lo no dicho, que propone un trabajo interesante para los actores y para la dirección, que deben expresar desde el cuerpo y las acciones contenidas un mundo íntimo, a veces impenetrable.

Azucena Ester Joffe

http://lunateatral.blogspot.com/2011/09/2-un-hombreuna-mujer-de-miguel.html

Ni juntos ni separados

“Usted y yo, Martita, somos como una ventosa y un vidrio… lo único que nos mantiene juntos, es el vacío que existe entre nosotros”. El humorista gráfico chileno Alberto Montt enfrenta a una pareja con este sensacional y explicito dialogo en su libro ¿Quién es Montt?
Del otro lado de la cordillera, lo tenemos a nuestro colega, en el trabajo y las charlas de café, Marcelo Saltal, dentro de su larga trayectoria teatral, acá en su faceta de director. Se prueba este traje para la obra 2 (un hombre… una mujer), de Miguel Fanchovich que se exhibe en La Tertulia.
En las penumbras de su sala, una vez que nos acomodamos en nuestro asiento quedamos frente a una pareja que asoma desde el escenario. Él (Fernando García Valle) escucha a todo volumen un tema de Sumo. Ella (Julia Houllé) duerme uno de sus sueños más incómodos. La voz de Luca Prodan la inquieta. Se desata el temporal; una vez más.
Una silla y un colchón es toda la escenografía necesaria para mostrar a dos personajes que deambulan sin encontrarse. El erotismo que desprende esta pareja derrapa en el sollozo. La audiencia, atónita por momentos, sigue de cerca los intentos de acercamiento entre ambos, que terminan rozando la violencia, el arrepentimiento y la violencia nuevamente.
Ambos no pueden estar ni juntos ni separados. Ese síntoma, casi enfermizo, es la materia prima de esta obra, de este viaje al interior de los miedos y frustraciones de pareja. Es una búsqueda exhaustiva de la sombra que proyecta el amor. Cuando este último se evapora (más rápido incluso que el semen dijo alguna vez Charles Bukowski) la sombra los toma por asalto. El público asiste entonces a un ocaso donde los límites de las relaciones humanas se corren hacia niveles insospechados. 2 (un hombre… una mujer) indaga sobre este vacío. Y sobrevive para contarlo.

J.M.C.

http://www.revistaelabasto.com.ar/135_dos-un-hombre-una-mujer.htm